Jugando con la comida

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    Jugando con la comida.  


La sorpresa de mi marido esa noche no me la esperaba. Entró en la habitación con un bote de nata, fresas y un plátano. Se le veían las ganas en su rostro, y eso a mí me encantaba, por lo que no me negué cuando me dijo que hoy haríamos un juego muy sensual.


Me dijo que el juego consistiría en ir llenando una parte del cuerpo con nata y chuparla. Él empezó por el cuello, empezaba fuerte. Así que yo le respondí y le llené la boca de nata para pasar mi lengua lentamente por ella para limpiársela. Una cosa llevó a la otra, y comenzamos a llenarnos de nata las zonas sensuales.


  Empezó él por mis pezones, los cuales llenó los dos de buena cantidad de nata, para luego yo dejar un poco de nata en su lindo capullo y limpiarlo con suaves lamidas, a las cuales le respondía sensualmente. Él no se pudo resistir más y me echó una buena cantidad en mi sabroso sexo. El frío de la nata me puso a mil, y más cuando comenzó a chupar toda la nata que había dejado. Me lo dejó bien limpio, y casi sin avisar, comenzó a introducir el plátano por mi clítoris. Era de un buen tamaño, por lo que lo podía sentir bien mientras entraba y salía. A la vez que él hacía eso, seguía lamiéndome los labios de mi sexo, por lo que la sensación era increíble.  


Sentía que quería correrme por el placer que estaba sintiendo, pero él no quería que me corriera sin antes penetrarme, por lo que no tardó en sacar el plátano y sustituirlo por su pene, el cual entró fácilmente gracias a la nata y a lo húmedo que se encontraba mi sexo.


Tras varias embestidas y mientras nos comíamos a besos, él se corrió en mi dentro y yo pude tener el orgasmo que llevaba minutos deseando tener.  


 


Enviado por: Lina

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