Follado con mi ex

  Ellas Escriben

 


Una vez salgo de trabajar, me dispongo para volver a mi casa. Mi triste y vacía casa. Siempre que voy por la calle no puedo evitar escuchar Bon Jovi y perderme en su música, en sus canciones, sus letras. Reconozco que cuando le escucho se me va el santo al cielo y no soy consciente de lo que pasa a mi alrededor, pero justo esa noche ¿a quién tengo delante? A mi ex, Fernando. Siempre que voy echa unas fachas me encuentro con la última persona que deseo ver. Así que nada más verlo intento pasar desapercibida, me niego en rotundo cambiar de acera por ese gilipollas que decidió dejarme para irse a trabajar a Francia. La verdad ahora que me fijo no ha cambiado nada. Después de 4 años, sigue tan atractivo como siempre, con esos vaqueros y esa camiseta negra. Está increíble. Calma, calma Lucia, no te desvíes, y sigue tu camino.


- ¿Lucia?


- ¿Fernando?


- Hola preciosa, estás increíble, no has cambiado nada.  –Dice el con voz segura.


¿Preciosa? ¿Increíble? Otro adjetivo más como esos y no respondo de mis actos. Retirándome el pelo de la cara le pregunto:


- ¿Qué haces por aquí, no estabas en Francia?


- Si, vine a ver a mi hermana que está embarazada y está a punto de dar a luz, justo ahora iba al hostal de aquí al lado a pedir una habitación.


- Te puedes quedar en mi casa si quieres – digo con voz tímida y confusa por las palabras que acaban de salir de mi boca.


- ¿No te importa que pase toda la noche contigo, preciosa? - me pregunta.


Cada vez que me dice preciosa, sabe perfectamente que se me cae hasta el alma.


- Claro que no, puedes quedarte el tiempo que quieras. – respondo, con cara de pilluela


Nos encaminamos a mi casa, y cuando entramos por la puerta, el me coloca un mechón del pelo detrás de la oreja y me susurra al oído:


- Preciosa, esta es la última noche que puedo quedarme aquí, ¿me dejaras disfrutarla contigo?


Sin dudarlo un segundo lo cojo de la mano y le llevo hasta mi cama, le siento en ella, y mirándole fijamente a los ojos con deseo, me desnudo para él. Cuando quedo totalmente desnuda, me coge de la mano y acerca su boca a uno de mis pezones y con sus labios tira de él. Él sabía muy bien lo que me gustaba, sabía mis puntos débiles. Con sus manos sujetándome de las caderas hunde su boca en mis pechos y juega con ellos. Dios que excitante, ojalá esta noche no acabara nunca, me falta tiempo para hacerle todo lo que querría. Sin perder un minuto más busco desesperadamente su erección, necesito jugar con ella, saborearla, escuchar de nuevo sus gemidos, ver su cara de excitación. Él me para con su mano, no quiere que siga, sabía que lo haría, a él siempre le ha encantado que nos corramos juntos. Coge un condón de su cartera, se lo pone, y mirándome con cara de deseo se echa sobre mí y con sus manos aguantando su propio peso, me dice:


- Preciosa estas muy abierta y receptiva. Te gusta ¿verdad?


- Si… si…


Mis gritos no tardan en aparecer de nuevo. Agarro a Fernando por el trasero y le obligo a golpearse contra mí una y otra vez. Su respiración es brusca. El calor me sube por el cuerpo y jadeo su nombre:


- Fernando…


Mis caderas se levantan en busca de más, y veo como la cara de Fernando se contrae y yo, tras su demoledor grito, me dejo llevar.


Una vez terminamos, el cae sobre la cama agotado y yo no puedo dejar de mirarlo, en recordar lo mucho que echaba de menos estos momentos.


 


Enviado por: Lucía


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