Confesiones de una exhibicionista.

  Ellas Escriben

 


Un aparcamiento abandonado de mi ciudad se había convertido en el lugar idóneo para pajilleros y salidos que le encantan mirar a otras parejas montárselo entre ellos.


Allí solían ir parejas para follar en su coche mientras los pajilleros desde fuera se masturbaban.


Esa situación a mí y a mi chico nos daba mucho morbo, por lo que decidimos probar la experiencia de ir allí por la noche para follar con esos tipos como espectadores.


 


Llegamos allí cerca de las once de la noche. Cuando llegamos, vimos que otro coche ya estaba allí, y unas siete personas miraban por los cristales. Al llegar nosotros de nuevas, cuatro de ellos tuvieron curiosidad por nosotros, así que se acercaron a mirar justo en el momento en el que comencé a chuparle la polla a mi chico.


Desde fuera, los pajilleros me decían cosas como “así preciosa, chupa bien” o “te gusta ponernos cachondos ¿verdad?” lo que hacía que me pusiera más y más caliente.


 


Cuando levante la cabeza me encontré con cuatro pollas bien erectas asomando por las ventanas de nuestros coches, y con mi chico muy excitado, según él, porque nunca me había visto tan cachonda.


 


Rápidamente me coloque encima suya, me aparté la falda y el tanga para que así su miembro me entrara por mi caliente coñito, el cual estaba deseando sentir la erecta polla de mi novio.


Empecé a saltar sobre mi chico, y en cada embestida sentía un placer increíble al pensar que otros tíos estaban mirando y deseando follarme también por sus pollas. Los pajilleros comenzaron a golpear el coche pidiéndome más, y así me ponía más cachonda.


Cerré los ojos y sentí de pronto un gran orgasmo como nunca había sentido. Cuando abrí los ojos vi los cristales del coche llenos de corridas de los que desde fuera pudieron ver uno de los mejores orgasmos de mi vida.


 


Enviado por Marta G


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