Confesiones de alcoba.

  Ellas Escriben

 


Ya él lo presentía.


Después de 3 años de una incierta amistad llena de dulces coqueteos incómodos y picaros por temporada, invite a mi amigo Javier a tomarnos un chocolate caliente como lo hacíamos los días de frio intenso. Días antes ya tenía preparado lo que sería la confesión más dura le he podido hacer a alguien. Javier y yo teníamos muy acaparado el tema del sexo y en definitiva él sabía que era una ardiente chica de la boca para afuera. Pero jamás imagino lo que le esperaba.


Esos días previos antes que me dejara en casa, había colocado una copia de mi llave en su coche y me despedí recordándole que pasara para el fin de semana por nuestro chocolate habitual que sería noche de Scrabble. La tarde de la confesión 30 minutos antes de que llegara, me desnude y amarre mis piernas y antes de sujetar mis manos con unas esposas viejas de mi tío que era policía del ayuntamiento, le escribí a Javier que sin querer había dejado una llave de su casa y que pasara sin tocar porque estaría escuchando música y seguramente no iba a escuchar el teléfono. Me coloque en la cama en una posición que mi culo viera para la entrada de mi cuarto. Para que Javier pudiera notar en un segundo de que se trataba todo.


Se escucharon las llaves y escuche a Javier que me llamaba. Tome mi posición y el entro. Sin palabras de lo que veía se acerco hasta mí a verme. Había también tapado mi boca y con la mirada le señale un látigo que estaba detrás de mi puerta y fue que lo supo. Quería que me azotaran.


Lo tomo con un poco de miedo y comenzó a darme pequeños golpes en la espaldas y luego en mi culo. Que excitada me sentía. Escuche a Javier desabrochándose el pantalón porque se percato que estaba preparada para recibir su miembro. Se paro frente a mi coño que ya no soportaba más y se agacho para introducir su pene lentamente y cual cuchillo y mantequilla entro hasta el fondo sin problemas. El silencio se mantuvo hasta el momento que me desato las piernas y las muñecas y me follo como lo imaginé. Mis gritos de placer eran incontrolables, mi placer fue tan grande que al llegar casi lloro de tanto morbo y tanta lujuria. Mantuve una masturbación mental hasta ese día. Que se lo confesé a mi amigo Javier.




Enviado por: Anónimo

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